Aunque esto pueda parecer muy obvio para cualquier pintor de miniaturas (sean del juego que sean), creedme cuando digo que NO lo es. Al menos para algunas personas. Y no, no me refiero a los niños novatos que empiezan a coleccionar a los diez años y pintan de cualquier manera. Me refiero a aquellos que llevan sus añitos en ello y siguen pintando como si fueran novatos de diez. Puede que no se te den bien los colores, pero, ya vayas a intentarlo tú mismo o a cederle una miniatura a un compañero para que te haga él el favor, deberías tener en cuenta el siguiente proceso.
Y esto viene porque un amigo me dio hace unos días un par de miniaturas para ver si se las podía pintar. No soy profesional ni mucho menos, ni pinto espectacularmente bien, y esto lo hago como favor y como hobby, porque nadie me paga por ello, pero es un buen método de practicar (y para qué vamos a engañarnos, cada vez odio más pintar Marines Espaciales leales) Una de las figuras era un etéreo en metal (Imperio Tau, Warhammer 40K), hecho un verdadero desastre. Pintado a medias y directamente sobre el metal, sin imprimación. Y como me ha costado sudor y sangre prepararlo para el imprimado, os cuento cómo lo he hecho.
Qué vas a necesitar:
- Un bote de quitaesmalte de uñas (vale cualquiera)
- Un cepillo para uñas (o uno para los dientes, pero estos son más frágiles y probablemente las cerdas queden hechas un asco tras el proceso)
- Un vasito pequeño donde poder echar el quitaesmaltes.
- Una lima.
- Un trozo de alambre un tanto grueso, para asegurar que no se deforme. También puede ser un clip, o un palillo de madera (yo he usado el gancho de un pendiente)
- Paciencia, y mucha. No sirve de nada que te enfades con quien te ha dado la miniatura. Tampoco deberías pegarle por lo que ha hecho.
Vierte el quitaesmaltes en el vaso y deja la miniatura en remojo durante unos cinco o diez minutos. Esto no elimina la pintura, pero ayuda a que se reblandezca y se vaya levantando. Una vez haya pasado el tiempo, frota los restos de pintura con el cepillo para uñas (o dientes), mojándolo de vez en cuando en el quitaesmaltes. Dependiendo de lo antigua que sea la pintura o el número de capas que se haya aplicado, te llevará más o menos tiempo.
Cuando hayas quitado la capa de pintura, usa el palillo o el alambre para quitar los posibles restos que hayan quedado en los recovecos de la miniatura, y, finalmente, pásala por agua para eliminar el olor a quitaesmaltes y sécala con un trapo. Deberías tener ahora una miniatura de metal limpio, como recién salida del blíster, pero no te enfades si no es así. Probablemente no sea así. A mí me ha quedado horrible, pero la superficie es lo suficientemente estable como para aguantar una capa de imprimación sin perder el nivel de detalles. Aunque si no estás contento con el resultado, vuelve a meter la figura en remojo y empieza de nuevo.
Una última recomendación antes del imprimado es que te ayudes de la lima para suavizar los picos o imperfecciones de la miniatura, o esos odiosos hilitos metálicos llamados rebabas (que quedan cuando sacas la miniatura de la matriz) Una vez hayas terminado con esto, ya está lista para ser imprimada.
Y no, no os pongo la foto porque a mí se me da fatal imprimar y me da vergüenza enseñar algo así.
Espero que os haya podido ser útil. ¡Por el Bien Supremo! Larga vida y prosperidad (aunque esto último no sea una frase Tau)




